Son las 7:45 de la mañana.
Llegas a la oficina, tomas tu café y comienzas a pensar en todo lo que necesitas revisar antes de que avance la jornada.
¿Qué unidades requieren atención?
¿Hubo alguna extracción de combustible durante la madrugada?
Son las 7:45 de la mañana.
Llegas a la oficina, tomas tu café y comienzas a pensar en todo lo que necesitas revisar antes de que avance la jornada.
¿Qué unidades requieren atención?
¿Hubo alguna extracción de combustible durante la madrugada?
Durante muchos años, la tecnología ayudó a las empresas a obtener más información sobre su operación.
Después llegaron los dashboards, los indicadores y los reportes que permitieron visualizar todo lo que ocurría en una flotilla.
Sin duda, fue un gran avance.
Durante años nos acostumbramos a pensar que administrar una flotilla significaba revisar reportes.
Exportar información. Abrir hojas de cálculo. Filtrar datos. Buscar excepciones. Preparar gráficas. Compartir resultados.
Y repetir exactamente el mismo proceso al día siguiente.
Cuando se habla del costo de operar una flotilla, la mayoría piensa inmediatamente en combustible.
Es lógico. El diésel representa uno de los gastos más visibles y constantes para cualquier empresa de transporte.
Sin embargo, también es uno de los errores más comunes.
Durante muchos años, la evolución de las flotillas estuvo marcada por la llegada de nuevos dispositivos.
Primero fue el GPS. Después aparecieron sensores, cámaras, telemetría, lectura CAN Bus, control de combustible y plataformas cada vez más completas.
Cada nueva tecnología prometía brindar mayor control sobre la operación.